Las semejanzas entre la religión y los partidos políticos crecen
con el paso de los días y la desesperación de la gente. Tal y como ocurriera en
la antigua Roma y en todos sus muros del Coliseum, a cada semana que pasa se
postra un nuevo político en cada una de las columnas que lo sostienen a
predicar que su partido político es el correcto y que sus intenciones y
milagros de los que hablan son posibles.
Palabras dulces y mucha oración, igual de difícil son
demostrar los milagros que los actos de todos los secretarios generales de cada
formación. Unos se dedican a hablar solo de su religión y otros a echar mierda
de la nueva fe creciente, pero en otra devoción diferente. Tan solo piden al
pueblo que crean en sus palabras para que estas se conviertan en realidad y se
obre el tan ansiado prodigio de la recuperación económica.
Las maravillas de cada uno varían entre tres millones nuevos
de empleo y una renta básica con la cual algunos ya se están frotando las manos
para no dar palo al agua. Las varitas mágicas deben o deberían existir pensará
alguno, pero votar en las próximas elecciones va a ser más complicado que la Quiniela y todos dudan
sobre quien tiene el anillo de poder. Desde luego los ciudadanos ya saben que
lo han perdido.
La fe es ciega que dirían algunos y todo apunta a que
acabaremos el 2015 empotrados. Cada vez hay más pluralidad política, pero
direcciones donde situarlas solo dos: Izquierda y Derecha, en este caso el
viceversa se desconoce. Tal vez este sea el único contraste con la religión.
De momento el coliseo esta muy concurrido con millones de
españoles escuchando las sagradas palabras que llevan a la democracia o al
edén, pero la llave de tal paraíso no sabemos si algún día nos llegará, porque
el pueblo es el único capaz de elegir a sus dioses y cargarse a su profeta cada
cuatro años. Algo por lo que daremos gracias, menos mal que a ninguno se le
ocurrió que fueran cada 10 o 20 años, sino los tendríamos como una leyenda, los
cuales nos serían difíciles de recordar y de las que solo nos quedarían sus
santas escrituras denominadas “Programa electoral”.
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